Nos quedamos sin su voz, pero jamás sin su historia, Adiós, querido Cholo

Nos quedamos sin su voz, pero jamás sin su historia, Adiós, querido Cholo

“Cholo” Ciano… marcó generaciones

Por Mariela Gómez

Vicente Luis “Cholo” Ciano fue mucho más que un periodista. Fue una presencia cotidiana, una voz entrañable, un rostro familiar para quienes crecimos con su estilo único y su calidez al informar. Su historia, que comienza en Tandil en 1936 y se entrelaza con Mar del Plata desde que tenía apenas 4 años, es también parte de la historia de nuestra ciudad.

De familia humilde y trabajadora, el Cholo fue canillita, lustrabotas, peón de albañil, animador de bailes con megáfono y vendedor de caracoles. A los 25 años, tras hacer el servicio militar, debutó en Canal 8 como comentarista deportivo y desde entonces no paró. Durante 37 años fue el conductor del noticiero central, y su rostro fue sinónimo de información y respeto en cada hogar marplatense.

Pero su influencia no se limitó a la pantalla. Supo ganarse el corazón de la gente en la calle, en la radio, en la gráfica, en cada nota. Fue corresponsal de El Gráfico, condujo ciclos como Ovación o Tema Central, y siempre mantuvo esa impronta de cercanía, sencillez y verdad. En cada entrevista llevaba no solo un grabador, sino la humildad del que escucha.

Superó una gravísima septicemia en 2009, y regresó como siempre: firme, agradecido y con una sonrisa. Fue declarado Ciudadano Ejemplar, recibió distinciones del Senado bonaerense y de ENACOM, pero el reconocimiento más grande fue el del pueblo marplatense, que lo quiso como a un pariente querido.

Un placer atenderlo siempre.

Quiero sumarme a las voces que lo recuerdan con afecto. Durante años renovaba su licencia de conducir con nosotros. Lo atendía personalmente y siempre me contaba cosas, como que tenía que alquilar un auto para poder hacer la prueba práctica. Era un ejemplo de respeto y de templanza. Nunca un mal gesto, nunca una queja. Siempre predispuesto, amable, cálido. Su tono pausado, su trato sereno, su forma de agradecer lo convertían en un placer de persona.

Más de una vez, en esos encuentros breves pero sentidos, me regalaba algún consejo sobre la radio o sobre cómo mejorar la página. Con su experiencia, cualquier palabra suya tenía valor, pero sobre todo porque venían desde un lugar sincero, de generosidad. Valoraba lo que hacíamos desde lo independiente, lo autogestivo, lo local. Y se tomaba el tiempo para alentarnos.

No era “el periodista”, era el Cholo, el vecino que sabías que no te iba a fallar. En un tiempo de discursos apresurados y titulares vacíos, él nos enseñó el valor del contenido humano, del respeto como bandera y de la comunicación con alma.

Gracias, Cholo, por tanto. Nos queda tu legado, tu voz…

No es lo Mismo.-