María Cash, julio 2011,emprendía un sueño, una búsqueda que no cesa, 14 años.

María Cash, julio 2011,emprendía un sueño, una búsqueda que no cesa, 14 años.



Julio. Invierno. La ciudad de Buenos Aires despedía a una joven con el alma llena de proyectos. María Cash, de 29 años, diseñadora textil, creativa, sensible, se subía a un micro sin imaginar que su viaje hacia el norte argentino no tendría regreso.

Quería mostrar sus creaciones: ropa hecha con fibras naturales, tejidos pensados desde el cuerpo y el alma. Buscaba abrirse paso en ferias artesanales del norte, donde alguna vez se sintió en casa. Había elegido Jujuy. Porque la tierra, el color, la gente y la energía le hablaban al corazón. Ese era su sueño: caminar, mirar, conectar, diseñar desde ahí. Pero algo se quebró en el camino. Nunca llegó.



El viaje interrumpido
Salió el 4 de julio de 2011 desde Retiro. Se bajó antes de destino, en Rosario de la Frontera, provincia de Salta. Continuó a dedo. El 8 de julio fue vista por última vez en el peaje Aunor, haciendo señas a los autos. Desde entonces, el tiempo se convirtió en un abismo.

El país entero conoció su rostro a través de las redes, de los carteles, de los medios. Pero detrás de esa imagen había mucho más: una hija, una hermana, una amiga. Una persona con nombre, pasiones y afectos.

Federico: el padre que no se rindió jamás
Desde el primer día, Federico Cash, su papá, se convirtió en el motor de una búsqueda sin descanso. Recorrió provincias enteras, hospitales, rutas. Tocó todas las puertas. En cada entrevista, en cada volante, en cada cartel que él mismo colgaba con sus manos, estaba escrito un pedido de amor desesperado: “¿Alguien vio a mi hija?”.

Federico cruzó el país una y otra vez, con la voz quebrada pero firme. Con fe. Con esperanza. Se hizo detective, investigador, vocero y sostén. Dormía poco, comía mal, pero no frenaba. Su mochila era la ausencia de María. Su combustible, el amor.
En julio de 2014, tres años después, murió en un accidente de auto mientras volvía de uno de esos viajes de búsqueda. Murió en el camino, haciendo lo que sabía que tenía que hacer: buscarla. La muerte lo encontró, pero jamás lo venció. Su legado quedó tatuado en la memoria de una sociedad que todavía repite su nombre.


Una causa plagada de silencios
La investigación fue errática, lenta, dolorosa. Hubo denuncias, llamados anónimos, datos cruzados. En noviembre de 2024, trece años después, la justicia detuvo a Héctor Romero, el camionero que aseguró haberla llevado pero que siempre incurrió en contradicciones. Versiones que no cerraban, tiempos imposibles, rutas que no coincidían.

Parecía un nuevo capítulo. Pero en mayo de 2025, la causa volvió a desvanecerse: Romero fue sobreseído. Sin pruebas suficientes, sin cuerpo, sin culpables. Otra vez la nada. Otra vez el silencio.

María, la amiga que todos recuerdan…..
María no era solo una diseñadora talentosa. Era hija, era hermana, era amiga. Quienes la conocieron aún hablan de su risa suave, de su mirada atenta, de su forma única de mirar el mundo. Vivía con intensidad, con sensibilidad, con curiosidad. Quería hacer ropa que abrace. Quería habitar espacios con belleza y conciencia.


Hoy, su familia sigue esperando. Su mamá. Su hermano. Quienes la amaron de cerca y quienes aprendieron a amarla desde lejos.

Una búsqueda que no se detiene
Han pasado 14 años. El frío de julio se repite, pero la pregunta es la misma: ¿Dónde está María? ¿Qué pasó aquella tarde de 2011? ¿Quién tiene la verdad?
María Cash es hoy un símbolo. De lucha. De ausencia. De amor. De justicia pendiente. Su rostro sigue empapelando las paredes invisibles de una sociedad que se rehúsa a olvidar. Porque cuando una hija desaparece, no solo falta un cuerpo. Falta la risa, el abrazo, los cumpleaños compartidos, los mates al sol.
Falta la vida entera que esa persona no pudo vivir.

No es lo Mismo