El Concejo Deliberante convertido en ring
Miserias al descubierto
En una ola de provocaciones y respuestas, el Concejo Deliberante de Mar del Plata parece haber dejado de ser el espacio institucional para el que fue creado. Lo que debería ser una casa de diálogo y construcción colectiva, hoy se ve reducido cada vez más seguido a una puesta en escena vacía de contenido, donde prima el agravio, la provocación y el ego antes que la responsabilidad.
Ya no sorprende ver discusiones teñidas de insultos, gestos obscenos o camisetas oportunistas. Lo que alarma es que nadie sanciona, nadie detiene, nadie frena. La política se ha vuelto espectáculo, y el recinto, un ring donde se cruzan más frases hirientes que ideas superadoras.
Mientras se acercan las elecciones, el vecindario político elige mostrar sus miserias en vez de propuestas. En lugar de trabajar en silencio por quienes los eligieron, algunos concejales sin distinción partidaria prefieren la exposición y el show. Se miden, se provocan, se graban, se exhiben. Todo en busca de una “vista más” en redes o un titular en portales.
Pero no señores, el protagonismo no está en la cámara, sino en el trabajo responsable y silencioso por la ciudad que los eligió.
No son influencers, son representantes. No están para lucirse, están para legislar.
Hay una línea invisible pero esencial que se llama ética. Y otra más concreta: el respeto al recinto, al rol y a la ciudadanía. Cada gesto tiene impacto. Cada provocación, aunque parezca liviana, horada el valor simbólico de las instituciones. Todo queda grabado, todo se difunde. Y así, lo que deberían ser debates políticos se convierten en peleas de gallos.
En tiempos donde la sociedad exige austeridad, responsabilidad y compromiso, dar este tipo de espectáculos es no entender absolutamente nada. O peor: es entenderlo y seguir eligiendo el show.
No es lo Mismo.-




