Locomotora Oliveras, la campeona que peleó hasta el final

Locomotora Oliveras, la campeona que peleó hasta el final

Alejandra “Locomotora” Oliveras murió este lunes 28 de julio a los 47 años. El país pierde a una mujer que no solo dejó su huella en el boxeo, sino también en la vida de quienes la conocieron, la siguieron o simplemente la escucharon. Su corazón dejó de latir después de más de dos semanas de pelea contra un accidente cerebrovascular que la dejó internada en terapia intensiva en el Hospital José María Cullen de Santa Fe. Esta vez, la campeona no pudo contra el daño irreversible que le dejó el ACV. Esta vez, su cuerpo dijo basta.

Había ingresado al hospital el 14 de julio, luego de sufrir un episodio de desorientación y parálisis. Desde el primer momento, el pronóstico fue crítico. Le detectaron un ACV isquémico extenso, con una arteria cerebral obstruida. Estaba sola cuando ocurrió, fue su hijo quien la encontró en su casa, sin poder hablar, con media cara paralizada. Lo que siguió fue una carrera contrarreloj. Una cirugía de craniectomía descompresiva para intentar aliviar la presión en su cabeza. Días después, una traqueotomía para facilitarle la respiración. Monitoreo constante. Dosis de sedantes. Y muy poco por hacer.

Pese a todo, los médicos lucharon. Su equipo médico que merece ser reconocido con nombre propio sostuvo cada uno de sus signos vitales. Hubo momentos en los que su cuerpo pareció responder, abrió los ojos, movió un brazo. Pero el daño ya estaba hecho. El hemisferio izquierdo del cerebro, según informaron, estaba comprometido de forma irreversible. Y con él, también se iban apagando las esperanzas.

Alejandra no fue solo una boxeadora. Fue campeona del mundo en cinco oportunidades, en categorías distintas. Fue una pionera del deporte argentino. Fue madre, entrenadora, formadora de pibes. Fundó escuelas de boxeo, impulsó el deporte en villas y barrios humildes. Y en los últimos meses, había dado un paso más, se metió en política y fue elegida convencional constituyente por Santa Fe. Su historia estaba en plena reescritura. Como siempre, peleando en escenarios distintos, pero con la misma garra de siempre.

Quienes la conocieron sabían que era una luchadora, dentro y fuera del ring. Decía que había sobrevivido a todo, a la pobreza, a la violencia, al machismo, al olvido. Y que por eso no le tenía miedo a nada. En sus redes sociales, hasta días antes del ACV, se mostraba activa, grabando videos, hablando de justicia, de boxeo, de la vida. Su cuerpo estaba marcado por cada una de las batallas que dio. Pero su energía parecía inagotable.

Su muerte es un mazazo. Porque se va una referente, una mujer auténtica, imperfecta, poderosa. Se va una voz que no se callaba, una presencia que no pasaba desapercibida. Una vida que se apagó demasiado pronto. Y que, sin embargo, deja una llama encendida. En cada rincón donde el boxeo es una salida. En cada pibe que se calza los guantes por primera vez. En cada mujer que se anima a hablar más fuerte.

Locomotora Oliveras se fue como vivió, peleando. Esta vez no ganó, pero dejó en claro que hay formas de perder que también son una victoria. La suya.

No es lo Mismo.-