Una denuncia, años de cárcel y la confesión que lo cambió todo

Una denuncia, años de cárcel y la confesión que lo cambió todo

“Fui manipulado”: la historia de Tomás Ghisoni, la falsa denuncia que destruyó a su padre y la verdad que tardó una década en salir



Durante más de una década, Pablo Ghisoni vivió una pesadilla. Médico obstetra, padre de tres hijos, fue acusado por uno de ellos de un crimen atroz: abuso sexual infantil. La denuncia le costó la libertad, su carrera profesional, su salud mental y el vínculo con dos de sus hijos. Pero ahora, con su hijo Tomás ya adulto, la verdad salió a la luz.

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«Fui manipulado. Me enseñaron a repetir una historia que no viví», dijo Tomás hace apenas unas semanas, en un video que conmovió al país y reabrió uno de los casos más controversiales de la justicia argentina reciente.

Un divorcio conflictivo y una decisión inesperada
La historia comenzó en 2009, cuando Pablo Ghisoni se separó de Andrea Vázquez, madre de sus tres hijos. Desde entonces, la disputa por la tenencia se volvió feroz. En octubre de 2012, el Juzgado de Familia N.° 6 de Lomas de Zamora tomó una decisión poco común: le otorgó la custodia total de los tres hijos al padre. Fue un fallo excepcional, sustentado en informes técnicos que revelaban una manipulación psicológica ejercida por la madre sobre los menores, lo que ponía en riesgo su bienestar emocional.

Los peritajes indicaban que Andrea Vázquez promovía el rechazo hacia el padre, en una dinámica que los especialistas calificaron como interferencia parental severa. El operativo judicial incluyó incluso el traslado de los niños desde el domicilio materno al paterno con presencia policial, en medio de una gran tensión.

La denuncia por abuso
Dos años después, en 2014, Tomás entonces de 9 años y su hermano menor realizaron una denuncia formal contra su padre por abuso sexual agravado y corrupción de menores. La madre acompañó y sostuvo públicamente la acusación. Solo el hijo mayor, Francisco, se mantuvo al margen y continuó viviendo con su padre.

Pablo Ghisoni fue detenido de inmediato. Pasó casi tres años privado de la libertad, entre internaciones en centros psiquiátricos, prisión preventiva y arresto domiciliario. El juicio no llegó hasta 2023, cuando, ante la ausencia de pruebas y la falta de sostén fáctico en los testimonios, el fiscal retiró la acusación y el Tribunal Oral en lo Criminal N.° 3 de Lomas de Zamora lo absolvió por unanimidad.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Ghisoni había perdido su reputación, su fuente laboral, su salud, y lo más doloroso: el vínculo con dos de sus hijos.

El giro inesperado: la confesión de Tomás
En julio de 2025, Tomás Ghisoni, ahora de 20 años, publicó un video en redes sociales que estremeció al país:

“No fui abusado. No me pasó nada. Repetí una historia que me enseñaron. Fui manipulado durante años. Me dijeron que debía decirlo porque era lo mejor para todos, y terminé mintiendo.”

El testimonio fue claro y directo. Tomás explicó que desde chico fue expuesto a un relato que no era suyo, impulsado y sostenido por su madre. Con una mezcla de angustia y valentía, reconoció el daño que esa denuncia provocó, tanto en su padre como en él mismo:

“Destruí a un inocente. Me separaron de mi papá, de mi hermano mayor. Viví años con miedo, con culpa, con odio impuesto. Hoy quiero decir la verdad.”

Repercusiones judiciales
El testimonio de Tomás no solo tuvo impacto emocional. La Fiscalía de Lomas de Zamora, a cargo de Jorge Bettini Sansoni, presentó el 24 de julio una denuncia formal contra Andrea Vázquez por falso testimonio agravado, instigación y posible asociación ilícita, dado que habrían existido otras personas que colaboraron con el armado de la falsa denuncia.

La causa podría abrir una nueva etapa en la historia judicial de esta familia: la revisión de responsabilidades por una mentira que tuvo consecuencias devastadoras.

La voz del padre
Pablo Ghisoni, que había guardado silencio desde su absolución, rompió el hermetismo tras ver el video de su hijo. “Me liquidó. No por enojo, sino por el peso emocional. Porque después de tantos años, por fin escuché la verdad de su boca”, dijo en una entrevista.

Y agregó:

“No quiero venganza. Solo quiero recuperar a mis hijos. Lo que hicieron conmigo no se puede reparar, pero quizás podamos empezar de nuevo.”

Una historia que interpela
El caso Ghisoni pone en discusión varias cuestiones urgentes: el uso instrumental de denuncias de abuso en conflictos familiares, el impacto de las falsas acusaciones, la fragilidad del sistema judicial ante presiones externas, y el sufrimiento silencioso de muchos padres y madres separados de sus hijos injustamente.



Tomás, por su parte, comenzó un tratamiento psicológico y está intentando reconstruir su vida. Lo hace cargando con el peso de un pasado que no eligió y de una mentira que no nació de él, pero que marcó para siempre a su familia.

Andrea Karina Vázquez ha sostenido, desde los primeros años del conflicto judicial con su expareja, que actuó siempre guiada por el deber de proteger a sus hijos ante lo que describía como una situación de riesgo. Su postura pública ha estado marcada por un fuerte rechazo al uso judicial del llamado «Síndrome de Alienación Parental» (SAP), al que ha denunciado como una herramienta pseudocientífica empleada sistemáticamente para deslegitimar las voces de madres que denuncian abusos y para justificar el apartamiento forzoso de sus hijos. En diferentes espacios, como medios de comunicación alternativos y organizaciones vinculadas a la lucha contra la violencia de género, Vázquez expresó que su familia fue víctima de un entramado judicial que priorizó el descrédito de su relato antes que la investigación seria de los hechos denunciados. Durante años, denunció públicamente que el sistema judicial había fallado en considerar las pruebas que presentó, y en varias oportunidades cuestionó que se usara el SAP para entregarle la tenencia al padre, pese a lo que ella consideraba alertas claras de peligro. Su relato se inscribe en una narrativa más amplia, adoptada por colectivos feministas y de derechos humanos, que denuncian la existencia de un «sistema patriarcal judicial» que revictimiza a madres protectoras y a niños que intentan denunciar situaciones de abuso. Hasta el momento, sin embargo, Andrea Vázquez no ha hecho declaraciones públicas posteriores a la viralización del video donde su hijo Tomás admite haber mentido en la acusación de abuso contra su padre y afirma haber sido inducido a sostenerla. Tampoco se ha pronunciado luego de que el fiscal Jorge Betini Sansoni la denunciara formalmente por el delito de falso testimonio agravado, el 24 de julio de 2025. Su silencio actual contrasta con una larga militancia discursiva en favor de la credibilidad infantil, lo que ha despertado fuertes reacciones públicas desde distintos sectores.

Pablo, reconocido profesional de la salud y obstetra de trayectoria, vio su vida completamente alterada tras ser denunciado por abuso sexual por su propio hijo, Tomás, en el marco de un proceso judicial iniciado por su expareja, Andrea Karina Vázquez. La acusación lo llevó a pasar más de dos años detenido en el penal de Melchor Romero, uno de los más complejos del sistema penitenciario bonaerense, donde convivió con internos de delitos graves mientras aseguraba su inocencia. Durante ese tiempo, perdió su matrícula profesional, su trabajo en el hospital donde ejercía, y debió afrontar el repudio social, el aislamiento y una intensa presión emocional. La tenencia de sus hijos le fue retirada, y durante años no pudo tener contacto con ellos. Sin embargo, en los últimos meses, su historia dio un giro inesperado: Tomás, hoy adolescente, hizo pública una serie de declaraciones en las que admite que nunca fue abusado por su padre y que fue manipulado para sostener esa denuncia falsa, generando una conmoción pública y judicial. En declaraciones brindadas a medios y redes sociales, Pablo sostuvo que no guarda rencor, pero que la justicia debe actuar con la misma fuerza que tuvo contra él, ahora para reparar el daño causado. “No me moví un centímetro de la verdad, confié en el tiempo y en mis hijos”, afirmó en una de sus intervenciones más recientes. Actualmente, aunque aún lucha por recuperar plenamente su título y su estabilidad profesional, ha logrado reconstruir un vínculo con sus hijos y se muestra comprometido con dar visibilidad a otros casos similares. Vive con sobriedad, lejos de los medios, aunque admite que la reparación no será completa hasta que se reconozca públicamente la injusticia que vivió.