Un año sin Loan, hacia el juicio oral

Un año sin Loan, hacia el juicio oral

El niño que seguimos buscando

El 13 de junio de 2024 comenzó como una jornada cualquiera en el paraje «El Algarrobal» , provincia de Corrientes. El sol caía tibio sobre la tierra, el monte parecía el mismo de siempre, y en la casa de su abuela, Loan Danilo Peña, un niño de cinco años, compartía un almuerzo en familia. Allí estaban su abuela, algunos tíos, vecinos, una funcionaria municipal y su pareja. Un día simple, de campo, de rutinas quietas. Después de comer, según contaron, varios adultos y niños salieron a buscar naranjas silvestres. Pero en algún punto del regreso, la historia se quebró: Loan ya no estaba.

La búsqueda empezó rápido, pero sin urgencia. Se caminaron los alrededores, se llamó a gritos. Aún así, no hubo alarma inmediata, ni operativo cerrojo, ni llamados a fuerzas federales. Durante horas, el caso fue tratado como un extravío rural, no como la posible desaparición forzada de un niño. Pasaron días antes de que la causa escalara a la Justicia Federal y se reconociera, oficialmente, que las versiones no cerraban y que el relato tenía más huecos que certezas.

Las personas que habían estado con Loan ofrecieron testimonios plagados de contradicciones. Algunos decían que el niño se perdió entre los árboles. Otros afirmaban que volvió hasta cierto punto y luego desapareció. Las cámaras de seguridad de un pueblo cercano mostraron autos saliendo del lugar, pero la información se manejó con secretismo. Los rastrillajes iniciales no arrojaron ni una prenda, ni un zapato, ni una huella firme. Todo parecía flotar en el aire, como si la tierra se lo hubiera tragado sin dejar marca.

Poco a poco, empezaron a caer las primeras fichas. El comisario Walter Maciel, a cargo de la búsqueda inicial, fue detenido por encubrimiento. Su rol fue clave en los errores que desdibujaron las primeras horas. Luego cayeron otros: Bernardino Benítez, tío político de Loan; Mónica Millapi y Daniel Ramírez, pareja amiga de la familia; María Caillava, funcionaria municipal, y su esposo, Carlos Pérez, un exmarino. También fue imputada y encarcelada Laudelina Peña, tía del niño, que recién a los nueve meses de la desaparición admitió que había mentido, aunque su testimonio resultó tan confuso como tardío. A todos ellos la Justicia los acusa de haber participado, de un modo u otro, en la sustracción y entrega de Loan con fines de explotación. Una hipótesis tan dura como real.

Pero la historia se volvió aún más sombría cuando apareció otro capítulo, el de quienes vinieron a “ayudar” y terminaron entorpeciendo todo. Personas con discursos grandilocuentes y promesas de justicia se acercaron a la familia, se presentaron como miembros de una supuesta fundación protectora de los derechos del niño, y lograron instalar teorías falsas en los medios, manipular testigos e incluso obstaculizar las pruebas. Se investiga si cobraban por sus intervenciones, o si respondían a intereses políticos o criminales más profundos. Hoy varios de ellos entre ellos Nicolás Soria, Alan Cañete, Elizabeth Cutaia, y Leonardo Rubio, están detenidos con prisión preventiva, procesados por encubrimiento y usurpación de autoridad. Lo que debía ser una causa clara se volvió un entramado complejo de mentiras, negocios y silencios.

Mientras tanto, la pregunta más simple sigue sin respuesta: ¿Dónde está Loan?

La fiscalía federal pidió recientemente la elevación a juicio oral de las dos causas abiertas: la principal, por la desaparición del niño; y la paralela, por el rol de quienes desviaron la investigación. El juicio aún no tiene fecha, pero la familia espera que este paso sea el comienzo de algo que por fin se parezca a la verdad. No será fácil. La madre de Loan apenas ha sido escuchada. El padre, desesperado, recorre pasillos judiciales mientras busca sostener a su familia. No hay cuerpo. No hay certezas. No hay justicia.

A un año exacto de su desaparición, Loan es mucho más que un caso policial. Es la imagen de un Estado que no protegió, de instituciones que mintieron, de adultos que callaron. Es el reflejo de una sociedad donde el dolor se convierte rápido en olvido, y donde un niño puede desaparecer sin que nadie se haga verdaderamente cargo. Un niño de cinco años no puede evaporarse en silencio. Un niño no puede desaparecer bajo la mirada de adultos sin que eso sacuda todo.

Por eso, este no puede ser un aniversario más. Porque un año sin Loan no es lo mismo. No es lo mismo recordar que exigir. No es lo mismo esperar que actuar. No es lo mismo vivir en una sociedad que lo busca, que en una que se resigna.

No es lo mismo justicia que impunidad. Y no es lo mismo un niño desaparecido que un expediente que duerme en un tribunal.

Un año después, Loan sigue siendo el niño que falta. El que aún espera. El que nos obliga a no bajar la voz.

No es lo Mismo